Capítulos sindrómicos en infecciones de transmisión sexual (ITS)
Recomendaciones basadas en la evidencia para el abordaje de los principales cuadros sindrómicos en ITS, adaptadas al Documento de Consenso 2024 y dirigidas a profesionales sanitarios de todos los ámbitos asistenciales.
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Enfermedades caracterizadas principalmente por uretritis y cervicitis
Las uretritis y cervicitis son síndromes muy frecuentes en el contexto de las infecciones de transmisión sexual. Se caracterizan por secreción uretral o cervical, disuria y molestias genitales, y pueden estar causadas por distintos microorganismos (principalmente Neisseria gonorrhoeae, Chlamydia trachomatis y Mycoplasma genitalium). Un enfoque estructurado permite orientar el diagnóstico y seleccionar el tratamiento más adecuado.
INFORMACIÓN
La uretritis y la cervicitis afectan sobre todo a personas sexualmente activas, con mayor incidencia en adultos jóvenes y en determinadas poblaciones clave. Una parte importante de las infecciones cursa de forma asintomática, especialmente en mujeres, lo que favorece la transmisión silenciosa y la aparición de complicaciones (enfermedad inflamatoria pélvica, infertilidad, etc.). La presencia de estas infecciones también se asocia a un mayor riesgo de adquisición y transmisión de otras ITS, incluido el VIH.
El diagnóstico se basa en una anamnesis dirigida (síntomas, prácticas sexuales, uso de preservativo, parejas recientes) y en la exploración física, complementadas con pruebas microbiológicas.
Las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT) sobre muestras de:
Orina de primer chorro o exudado uretral en varones.
Exudado vaginal o endocervical en mujeres.
Muestras faríngeas y rectales cuando las prácticas sexuales lo justifiquen.
constituyen la herramienta de referencia para la detección de los principales patógenos implicados.
La aparición de resistencias antimicrobianas, especialmente en Neisseria gonorrhoeae y Mycoplasma genitalium, condiciona de forma importante la elección del tratamiento. La gonorrea ha desarrollado resistencias frente a múltiples familias de antibióticos, por lo que en determinados contextos sigue siendo necesario el cultivo para estudio de sensibilidad. En M. genitalium son frecuentes las resistencias a macrólidos y, en algunos casos, a fluoroquinolonas, lo que obliga a ajustar los regímenes terapéuticos según las recomendaciones actualizadas.
El tratamiento de la uretritis y la cervicitis debe iniciarse de forma precoz, idealmente con pautas empíricas que cubran los patógenos más probables y, posteriormente, ajustarse a los resultados microbiológicos cuando estén disponibles.
Se recomiendan esquemas de tratamiento:
Que cubran N. gonorrhoeae y C. trachomatis cuando la sospecha lo justifique.
Adaptados a la presencia de M. genitalium en contextos de síntomas persistentes o recidivantes.
Es fundamental asegurar la adherencia al tratamiento y explicar claramente la necesidad de completar la pauta indicada.
En gestantes, adolescentes, personas con inmunodepresión o con otras comorbilidades, el manejo requiere consideraciones específicas en cuanto a elección de fármacos, seguimiento y evaluación de posibles complicaciones.
También es importante prestar atención a las particularidades de las poblaciones clave (hombres gais, bisexuales y otros HSH, personas trans, trabajadoras sexuales, etc.), donde la afectación de localizaciones extragenitales (rectal, faríngea) es más frecuente y puede requerir un cribado más amplio.
El abordaje integral de la uretritis y la cervicitis incluye:
Tratamiento de la persona afectada y de sus parejas sexuales recientes, según las recomendaciones del documento de consenso.
Recomendación de evitar relaciones sexuales hasta al menos finalizado el tratamiento y la resolución de los síntomas.
Oferta de cribado de otras ITS (VIH, sífilis, hepatitis víricas, etc.).
Intervenciones de educación sanitaria y promoción del uso del preservativo y de otras medidas de reducción de riesgos.
Cuando esté indicado, puede ser necesaria la reevaluación clínica y/o microbiológica para confirmar la resolución del cuadro o detectar reinfecciones.
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Enfermedades caracterizadas principalmente por úlceras anogenitales
Las úlceras anogenitales son un motivo frecuente de consulta en el contexto de las ITS. Pueden tener múltiples causas infecciosas (como herpes anogenital o sífilis) y no infecciosas, y su correcta valoración es clave para establecer el diagnóstico, orientar el tratamiento y prevenir la transmisión.
INFORMACIÓN
La etiología de las úlceras anogenitales varía según el contexto geográfico, la situación inmunitaria y las prácticas sexuales.
En muchos entornos, las causas infecciosas más frecuentes son:
Herpes anogenital, habitualmente por virus herpes simple tipo 1 o 2.
Sífilis en sus formas ulcerativas.
También pueden observarse otras causas menos frecuentes y debemos considerar dermatosis inflamatorias, traumatismos o neoplasias como diagnósticos diferenciales. Las úlceras anogenitales se asocian a menudo a un mayor riesgo de adquisición y transmisión de otras ITS, incluido el VIH.
El diagnóstico exige una anamnesis detallada (inicio y duración de las lesiones, dolor, fiebre, episodios previos, contactos sexuales, ITS anteriores, medicación) y una exploración física completa, que incluya área genital, perianal y, cuando proceda, otras localizaciones cutáneas y mucosas.
En función de la sospecha clínica, se indicarán:
Pruebas microbiológicas específicas (por ejemplo NAAT para virus herpes, serologías de sífilis y otras ITS).
Otras pruebas complementarias en casos atípicos o de evolución prolongada.
En muchas ocasiones se debe iniciar tratamiento empírico mientras se esperan los resultados.
En el contexto de las úlceras anogenitales, las resistencias antimicrobianas no son tan relevantes como en otros síndromes, pero:
En el herpes anogenital, la resistencia a antivirales es poco frecuente y suele limitarse a personas con inmunodepresión grave o tratamientos prolongados.
En el caso de causas bacterianas (como sífilis u otros patógenos ulcerativos), es importante seguir las pautas recomendadas en el documento de consenso y en las normativas vigentes, ajustando el tratamiento cuando existan alertas de resistencias o situaciones especiales.
El uso racional de antimicrobianos y el seguimiento de las recomendaciones actualizadas contribuyen a minimizar este problema.
El tratamiento dependerá de la causa sospechada o confirmada:
En el herpes anogenital, se recomiendan antivirales específicos por vía oral, con pautas distintas para primoinfección, recurrencias o pacientes con inmunodepresión.
En la sífilis ulcerativa, el tratamiento se basa en la administración de penicilina en las pautas recomendadas para el estadio de la enfermedad.
En otras causas infecciosas o no infecciosas, el documento de consenso detalla las opciones según el diagnóstico concreto.
Además, se deben indicar medidas de alivio sintomático (analgesia, cuidado local de las lesiones) y explicar la posible evolución y recurrencia en determinados cuadros, como el herpes.
En gestantes, personas con VIH u otras causas de inmunodepresión, niños, niñas y adolescentes, el abordaje requiere especial atención:
Selección cuidadosa de fármacos (seguridad en el embarazo o en la infancia).
Umbral más bajo para derivación o ingreso si hay afectación sistémica o complicaciones.
Coordinación con otros dispositivos (obstetricia, pediatría, unidades de VIH, etc.) cuando esté indicado.
El documento de consenso recoge adaptaciones específicas para estos grupos, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento.
El manejo integral de las úlceras anogenitales incluye:
Tratamiento de la persona afectada y valoración/tratamiento de parejas sexuales recientes según el agente implicado.
Recomendación de evitar relaciones sexuales hasta la resolución clínica o hasta completar el tratamiento indicado.
Evaluación y cribado de otras ITS (VIH, sífilis, hepatitis, etc.), especialmente cuando las úlceras se acompañan de otros factores de riesgo.
Intervenciones de educación sanitaria para reducir la probabilidad de nuevas exposiciones y mejorar la consulta precoz ante síntomas futuros.
En algunos casos serán necesarias revisiones para valorar la evolución de las lesiones, ajustar tratamientos o confirmar la resolución del cuadro.
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Enfermedades caracterizadas principalmente por vulvovaginitis y flujo vaginal anormal
La vulvovaginitis y el flujo vaginal anormal son motivos muy frecuentes de consulta. Pueden deberse a infecciones de transmisión sexual, a otras infecciones genitales o a causas no infecciosas. Un enfoque ordenado permite diferenciar entre etiologías principales, seleccionar las pruebas necesarias y elegir el tratamiento más adecuado, evitando tanto el infratratamiento como el uso inadecuado de antibióticos.
INFORMACIÓN
El flujo vaginal anormal y la vulvovaginitis afectan sobre todo a mujeres en edad reproductiva, aunque pueden aparecer en cualquier etapa de la vida.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
Vaginosis bacteriana.
Candidiasis vulvovaginal.
Trichomonas vaginalis.
En función de la población y del contexto, pueden coexistir otras ITS u otras patologías ginecológicas. Una proporción significativa de casos se asocia a desequilibrios de la microbiota vaginal y no necesariamente a ITS clásicas.
El diagnóstico se basa en:
Anamnesis detallada: características del flujo (color, olor, cantidad), prurito, escozor, dispareunia, sangrado, relación con ciclo menstrual, uso de productos de higiene, antibióticos recientes, prácticas sexuales, ITS previas.
Exploración ginecológica con espéculo: aspecto de la mucosa vaginal y cervical, tipo de secreción, presencia de lesiones asociadas.
Pruebas complementarias según disponibilidad:
Microscopia en fresco (clue cells, levaduras, tricomonas).
Medición de pH vaginal.
Pruebas rápidas o NAAT para T. vaginalis y otros agentes cuando estén indicadas.
En contextos seleccionados, cultivos o pruebas adicionales.
El documento de consenso recoge algoritmos prácticos para orientar el diagnóstico en función del perfil clínico y los hallazgos básicos.
En el contexto de la vulvovaginitis, el problema de resistencias antimicrobianas es variable según el agente:
En vaginosis bacteriana, la recaída es frecuente, más por alteración persistente de la microbiota que por resistencias clásicas.
En candidiasis, se han descrito resistencias y especies menos sensibles a los azoles, sobre todo en casos recurrentes o tras múltiples tratamientos.
En tricomoniasis, el uso repetido e inadecuado de nitroimidazoles puede favorecer fallos terapéuticos.
Es clave seguir las pautas recomendadas, evitar tratamientos empíricos repetidos sin diagnóstico y valorar alternativas en casos recidivantes.
El tratamiento debe ser dirigido a la causa más probable o confirmada:
Vaginosis bacteriana: pautas con metronidazol o clindamicina (vía oral o tópica) según las recomendaciones vigentes.
Candidiasis vulvovaginal: azoles tópicos u orales, con esquemas específicos en casos complicados o recurrentes.
Trichomonas vaginalis: tratamiento sistémico con nitroimidazoles, incluyendo el manejo de parejas sexuales.
Deben evitarse tratamientos combinados “por si acaso” cuando no están justificados, y ajustarse la pauta según la situación clínica (embarazo, comorbilidades, tratamientos concomitantes).
En gestantes, niñas y adolescentes, o en mujeres con inmunodepresión, el tratamiento y la actitud deben ajustarse a:
Seguridad de los fármacos en el embarazo y la lactancia.
Riesgo de complicaciones y recurrencias.
Necesidad de seguimiento más estrecho en determinados casos.
El documento de consenso detalla recomendaciones específicas para estas situaciones, incluyendo cuándo derivar a recursos especializados.
El manejo integral del flujo vaginal anormal incluye:
Explicar el diagnóstico y el objetivo del tratamiento, aclarando qué es y qué no es una ITS en cada caso.
En tricomoniasis y otros cuadros de etiología claramente transmisible, valorar el estudio y tratamiento de parejas sexuales.
Recomendaciones sobre higiene íntima adecuada, evitando productos irritantes o duchas vaginales.
Educación sobre uso de preservativo y consulta precoz ante recurrencia de síntomas.
En casos de recurrencias frecuentes, se valorarán estrategias específicas (tratamientos prolongados, cambios en la pauta o abordaje de factores predisponentes).
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Enfermedades caracterizadas principalmente por proctitis y proctocolitis
La proctitis y la proctocolitis son síndromes inflamatorios del recto y del colon distal que pueden estar relacionados con infecciones de transmisión sexual, especialmente en personas que practican sexo anal. Un abordaje estructurado permite diferenciar causas infecciosas de otras entidades, seleccionar las pruebas adecuadas y establecer el tratamiento más apropiado.
INFORMACIÓN
La proctitis y la proctocolitis de transmisión sexual se observan con mayor frecuencia en:
Personas que mantienen relaciones anales receptivas, especialmente hombres que tienen sexo con hombres (HSH).
Personas con antecedentes de otras ITS o coinfección por VIH.
Entre los agentes implicados se incluyen, entre otros, N. gonorrhoeae, C. trachomatis (incluyendo serovares L de linfogranuloma venéreo), herpes simple, además de otros patógenos entéricos o causas no infecciosas que hay que valorar según el contexto.
El diagnóstico se basa en:
Anamnesis dirigida: síntomas (tenesmo, dolor anal, sangrado, secreción rectal, diarrea, fiebre), duración del cuadro, prácticas sexuales, ITS previas, uso de profilaxis (PrEP), viajes recientes, contactos con personas con síntomas similares.
Exploración física, incluyendo inspección anal y, cuando sea posible, tacto rectal.
Pruebas complementarias:
Toma de muestras rectales para NAAT frente a los principales patógenos de ITS (gonococo, clamidia, LGV, etc.).
Serologías de sífilis y VIH si no están recientes.
Según la presentación, estudio de patógenos entéricos y, en cuadros graves o atípicos, valoración endoscópica.
El documento de consenso propone algoritmos que combinan clínica y disponibilidad de pruebas para orientar el estudio.
Las resistencias antimicrobianas en el contexto de proctitis/proctocolitis de origen sexual están ligadas sobre todo a:
N. gonorrhoeae, con patrones de multirresistencia que condicionan la elección de cefalosporinas de tercera generación y la necesidad de vigilancia.
Otros patógenos en función del esquema antibiótico utilizado (por ejemplo, uso repetido de determinados antimicrobianos para enteritis).
Es importante seguir las pautas actualizadas del documento de consenso y, cuando esté indicado, recurrir al cultivo y al estudio de sensibilidad para afinar el tratamiento.
El tratamiento debe ser:
Empírico inicial, dirigido a los agentes más probables según el contexto clínico y epidemiológico (por ejemplo, gonococo, clamidia/LGV, herpes), sobre todo en cuadros moderados o graves.
Ajustado posteriormente a los resultados microbiológicos y a la evolución clínica.
Dependiendo de la etiología, pueden ser necesarios:
Antibióticos sistémicos con buena penetración en mucosa rectal.
Antivirales en caso de herpes anorrectal.
Tratamientos específicos para patógenos entéricos cuando se identifiquen.
En cuadros severos, con afectación general o compromiso importante del estado general, puede ser necesaria la valoración hospitalaria y el manejo conjunto con digestivo o infecciosas.
En personas con VIH, inmunodeprimidas, gestantes o pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal de base, la proctitis/proctocolitis puede tener una presentación más grave o solaparse con otros procesos.
En estos casos:
Se recomienda un umbral bajo para derivación y estudios ampliados.
Puede ser necesario adaptar las pautas de tratamiento y el seguimiento.
El documento de consenso recoge recomendaciones específicas para estas situaciones, incluyendo criterios de ingreso y de evaluación adicional.
El manejo integral incluye:
Tratamiento de la persona afectada y, cuando proceda, estudio y tratamiento de parejas sexuales en el periodo de riesgo.
Recomendación de evitar prácticas sexuales que impliquen exposición rectal hasta la resolución del cuadro o finalización del tratamiento indicado.
Oferta de cribado de otras ITS (VIH, sífilis, hepatitis, etc.), especialmente en HSH y otras poblaciones clave.
Educación sanitaria sobre uso de preservativo en prácticas anales, reducción de riesgos, consulta precoz ante nuevos síntomas y adhesión al seguimiento.
En algunas situaciones será necesaria una revisión clínica para confirmar la resolución o detectar posibles recidivas o reinfecciones.
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Enfermedades caracterizadas principalmente por adenopatías inguinales
Las adenopatías inguinales son una manifestación frecuente en el contexto de infecciones de transmisión sexual y pueden acompañarse o no de lesiones genitales visibles. Un enfoque ordenado permite diferenciar entre causas infecciosas de transmisión sexual, otras infecciones y patologías no infecciosas, orientando las pruebas diagnósticas y el tratamiento adecuado.
INFORMACIÓN
Las adenopatías inguinales pueden observarse en múltiples escenarios clínicos, pero en el contexto de ITS se asocian especialmente a:
Infecciones ulcerativas genitales (por ejemplo, sífilis, herpes anogenital y otras causas ulcerativas).
Cuadros como el linfogranuloma venéreo (LGV) y otras infecciones que cursan con linfadenitis regional.
Su frecuencia y distribución dependen del perfil epidemiológico, las prácticas sexuales y la presencia de otras ITS concomitantes. Las adenopatías pueden ser uni o bilaterales, dolorosas o no, y aparecer como único motivo de consulta o asociadas a otras manifestaciones.
El diagnóstico de las adenopatías inguinales en el contexto de ITS requiere:
Historia clínica detallada: tiempo de evolución de las adenopatías, dolor, fiebre, pérdida de peso, presencia de lesiones genitales previas o concomitantes, antecedentes de ITS, prácticas sexuales, viajes o exposiciones recientes.
Exploración física completa: palpación de cadenas ganglionares inguinales (tamaño, dolor, consistencia, signos inflamatorios locales), búsqueda de lesiones genitales o perianales, evaluación de otras localizaciones ganglionares.
Pruebas complementarias según la sospecha:
Serologías de sífilis y otras ITS.
NAAT o cultivo de patógenos específicos cuando exista enfermedad ulcerativa asociada o sospecha concreta (por ejemplo LGV).
En adenopatías atípicas, persistentes o con signos de alarma, puede ser necesario ampliar el estudio (analítica general, pruebas de imagen, valoración de biopsia ganglionar, etc.).
El documento de consenso propone esquemas para relacionar la forma de presentación de las adenopatías con las etiologías más probables.
El impacto de las resistencias antimicrobianas en los síndromes ganglionares de origen sexual depende del agente implicado:
En causas bacterianas clásicas tratadas con antibióticos específicos, es importante seguir las recomendaciones vigentes, dado el posible cambio en patrones de sensibilidad con el tiempo.
En entidades como el LGV u otras infecciones específicas, el uso adecuado de las pautas recomendadas reduce el riesgo de fallos terapéuticos.
Es fundamental evitar tratamientos empíricos repetidos o incompletos sin un diagnóstico razonablemente orientado, para minimizar problemas de resistencias y persistencia de la infección.
El tratamiento debe ir dirigido a la causa más probable o confirmada:
En el contexto de ITS ulcerativas, se tratará tanto la infección responsable de la úlcera como el componente ganglionar.
En síndromes como el linfogranuloma venéreo, el documento de consenso recoge pautas específicas de antibióticos de elección y su duración.
En otras etiologías, se seguirán las recomendaciones adaptadas a cada agente y situación clínica.
Además, pueden ser necesarias medidas locales (analgesia, cuidado de la piel, drenaje en casos seleccionados bajo criterios estrictos) y tratamiento sintomático para aliviar dolor e inflamación.
En personas inmunodeprimidas, con infección por VIH, gestantes o pacientes con comorbilidades significativas, las adenopatías inguinales pueden:
Tener una evolución más prolongada o atípica.
Asociarse a un espectro más amplio de diagnósticos diferenciales, incluyendo procesos sistémicos o neoplásicos.
En estos casos se recomienda:
Mantener un umbral bajo de derivación a recursos especializados.
Adaptar el tratamiento según la situación clínica y las posibles interacciones farmacológicas.
El documento de consenso detalla consideraciones específicas para el abordaje de estos grupos.
El manejo integral de las adenopatías inguinales en el contexto de ITS incluye:
Tratar la infección causal y, cuando proceda, estudio y tratamiento de parejas sexuales en el periodo de riesgo.
Explicar el diagnóstico, la posible evolución de las adenopatías (incluyendo el tiempo esperado hasta su resolución) y los signos de alarma que deben motivar una nueva consulta.
Ofrecer cribado de otras ITS (VIH, sífilis, hepatitis, etc.) en función de factores de riesgo.
Reforzar las medidas preventivas, como el uso de preservativo y la consulta precoz ante nuevos síntomas.
Dependiendo de la etiología y de la evolución, puede ser necesario un seguimiento clínico para confirmar la resolución o plantear un estudio más amplio si las adenopatías persisten o progresan.
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Enfermedades caracterizadas principalmente por manifestaciones cutáneas
Diversas infecciones de transmisión sexual pueden presentarse con lesiones cutáneas y mucocutáneas, a veces como manifestación inicial o única. El reconocimiento de estos signos en piel es clave para orientar el diagnóstico, solicitar las pruebas adecuadas y establecer un tratamiento precoz que reduzca complicaciones y transmisión.
INFORMACIÓN
Las manifestaciones cutáneas relacionadas con ITS son frecuentes y pueden aparecer en distintos momentos de la infección:
Sífilis: exantema palmoplantar, lesiones mucosas, condilomas planos, etc.
Virus del papiloma humano (VPH): verrugas anogenitales y otras lesiones asociadas.
Infecciones virales emergentes (como mpox en determinados contextos): lesiones vesículo-pustulosas y costrosas.
Otras ITS y coinfecciones que pueden cursar con exantema o lesiones específicas.
La distribución y el tipo de lesión varían según el agente, la fase de la enfermedad y la situación inmunitaria de la persona.
El diagnóstico se basa en la combinación de:
Historia clínica detallada: inicio y evolución de las lesiones, síntomas acompañantes (fiebre, malestar, adenopatías), exposiciones sexuales recientes, antecedentes de ITS, vacunación (por ejemplo frente a VPH).
Exploración física completa: no solo de la zona anogenital, sino también de piel general, mucosas, palmas, plantas y región oral.
Pruebas complementarias según la sospecha:
Serologías de sífilis y otras ITS.
NAAT, PCR u otras técnicas específicas en muestras de lesiones cuando proceda.
En lesiones atípicas o persistentes, estudio adicional (dermatología, biopsia, etc.).
El documento de consenso proporciona tablas y algoritmos que ayudan a relacionar el tipo de lesión cutánea con las etiologías más probables.
El papel de las resistencias en el contexto de manifestaciones cutáneas por ITS depende del agente causal:
En sífilis, la penicilina sigue siendo el tratamiento de referencia, aunque se describen fallos relacionados más con la pauta o el seguimiento que con resistencias clásicas.
En otras infecciones bacterianas o virales que cursan con lesiones cutáneas, pueden existir problemas de sensibilidad a determinados fármacos (por ejemplo, antivirales o antibióticos), lo que hace necesario seguir las recomendaciones actualizadas.
Es importante evitar tratamientos empíricos reiterados sin diagnóstico, y ajustar las pautas a las guías vigentes para minimizar el riesgo de resistencias y fallos terapéuticos.
El tratamiento se dirige al patógeno responsable y al manejo sintomático de las lesiones:
En sífilis, administración de penicilina siguiendo las pautas recomendadas para cada estadio.
En infecciones virales con manifestaciones cutáneas (como ciertas lesiones herpéticas o cuadros emergentes), uso de antivirales específicos cuando esté indicado y medidas de soporte.
En VPH anogenital, opciones tópicas o procedimientos físicos según el tipo y localización de las lesiones, priorizando la seguridad y la preservación de la función.
Además, deben abordarse el dolor, el prurito u otras molestias cutáneas con medidas de soporte y tratamiento sintomático adecuado.
En personas con inmunodepresión, infección por VIH, gestantes, niños y adolescentes, las manifestaciones cutáneas pueden ser:
Más extensas, atípicas o de evolución prolongada.
Asociarse a mayor riesgo de complicaciones sistémicas.
En estos grupos es fundamental:
Valorar de forma precoz y, si es necesario, derivar a recursos especializados.
Ajustar los tratamientos a la situación clínica y a las limitaciones de determinados fármacos (por ejemplo, en embarazo o en infancia).
El documento de consenso recoge recomendaciones específicas para el manejo de estas situaciones.
El manejo integral incluye:
Tratamiento de la infección de base y, cuando proceda, estudio y manejo de parejas sexuales.
Explicación clara del diagnóstico, la posible evolución de las lesiones y el riesgo de transmisión.
Ofrecer cribado de otras ITS cuando existan factores de riesgo asociados.
Reforzar las medidas de prevención, incluyendo:
Uso de preservativo y otras estrategias de reducción de riesgos.
Información sobre la vacunación frente a VPH y otras vacunas relevantes según el contexto.
En algunos casos será necesario un seguimiento clínico para confirmar la resolución de las lesiones, valorar recaídas o ajustar el plan terapéutico.
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Síndrome febril agudo con sospecha de infección de transmisión sexual (ITS)
El síndrome febril agudo con sospecha de ITS incluye cuadros en los que la fiebre se acompaña de síntomas o antecedentes que hacen pensar en una infección de transmisión sexual reciente. Puede corresponder a infecciones sistémicas (por ejemplo, primoinfección por VIH, sífilis secundaria, hepatitis víricas, cuadros virales emergentes) o a complicaciones de ITS localizadas. Un enfoque estructurado ayuda a priorizar diagnósticos, pruebas y decisiones de derivación.
INFORMACIÓN
Este síndrome suele aparecer en personas con:
Relaciones sexuales recientes sin protección, especialmente con parejas nuevas o múltiples.
Antecedentes de ITS previas o coinfección por VIH.
Exposición a contextos o brotes específicos (por ejemplo, ciertas redes sexuales o eventos, según el momento epidemiológico).
La primoinfección por VIH, la sífilis secundaria, algunas hepatitis víricas y otras infecciones virales o bacterianas relacionadas con ITS pueden debutar con fiebre y síntomas generales, a veces con signos localizados poco llamativos en la exploración inicial.
El diagnóstico del síndrome febril agudo con sospecha de ITS se basa en:
Anamnesis detallada:
Inicio, duración y patrón de la fiebre.
Síntomas acompañantes (exantema, odinofagia, adenopatías, molestias genitales, síntomas digestivos o respiratorios, cefalea, mialgias, etc.).
Exposición sexual reciente (tipo de prácticas, uso de preservativo, número de parejas, consumo de drogas asociado).
Antecedentes de ITS y de vacunación (hepatitis A, B, VPH, etc.).
Exploración física completa:
Mucosas, piel (incluyendo palmas y plantas), región anogenital, adenopatías, signos meníngeos o respiratorios, hepatoesplenomegalia u otros hallazgos sistémicos.
Pruebas complementarias según sospecha:
Serología y/o pruebas específicas para VIH agudo, sífilis y hepatitis víricas.
Analítica general básica (hemograma, bioquímica, función hepática).
Otras pruebas dirigidas si hay afectación localizada (por ejemplo, pruebas de ITS clásicas en genitales, recto o faringe; estudio de lesiones cutáneas).
El objetivo es no perder cuadros de VIH agudo, sífilis secundaria, hepatitis u otras infecciones sistémicas relevantes.
El tema de resistencias en este síndrome depende del agente causal identificado:
En el caso de bacterias como gonococo o determinados patógenos asociados a foco localizado, se aplican las mismas consideraciones de resistencias que en otros síndromes (uretritis, proctitis, etc.).
En infecciones víricas sistémicas (como VIH agudo o hepatitis víricas), el manejo de resistencias forma parte de la estrategia global de tratamiento antirretroviral o antiviral y debe seguir las guías específicas.
En la fase inicial, el foco está más en no retrasar el diagnóstico y en seleccionar el tratamiento empírico adecuado cuando se sospechan complicaciones graves o coinfecciones.
El tratamiento se ajusta al diagnóstico o a la sospecha principal:
Ante un VIH agudo probable, el documento de consenso y las guías específicas recomiendan una valoración rápida para considerar inicio precoz de tratamiento antirretroviral, en coordinación con unidades especializadas.
En sífilis secundaria u otras ITS bacterianas con expresión sistémica, se utilizarán las pautas antibióticas estándar (por ejemplo, penicilina en sífilis) adaptadas al estadio.
En casos con foco localizado claro (por ejemplo, proctitis febril, enfermedad inflamatoria pélvica), se aplican los esquemas empíricos recomendados para esos síndromes concretos.
Cuando haya afectación general significativa, deterioro clínico o duda diagnóstica importante, se valorará la derivación hospitalaria para estudio y tratamiento más intensivo.
En personas inmunodeprimidas, con infección por VIH conocida, gestantes, niños y adolescentes, este síndrome puede:
Ser la manifestación de infecciones más graves o atípicas.
Tener un curso más rápido o un riesgo mayor de complicaciones.
En estos grupos se recomienda:
Umbral más bajo para la derivación urgente y el ingreso.
Coordinación con unidades de infecciosas, VIH, pediatría y obstetricia según el caso.
Selección cuidadosa de tratamientos (fármacos seguros en embarazo, peso/edad en menores, interacciones con medicación concomitante).
El manejo integral del síndrome febril agudo con sospecha de ITS incluye:
Explicar la posible relación con una ITS reciente y la necesidad de completar el estudio, incluso cuando las pruebas iniciales sean negativas (por ejemplo, en el periodo ventana de VIH).
Recomendar evitar nuevas exposiciones sexuales de riesgo hasta aclarar el diagnóstico y, en su caso, hasta estabilizar la situación clínica.
Estudio y eventual cribado/tratamiento de parejas sexuales recientes, según el diagnóstico final.
Ofrecer cribado de otras ITS, vacunación cuando proceda (hepatitis A, B, VPH) y reforzar mensajes sobre uso de preservativo, consulta precoz y reducción de riesgos.
En algunos casos será necesario concertar una revisión programada para completar pruebas, confirmar diagnósticos y ajustar tratamientos en función de los resultados.
Cómo participar con el GEITS
Si eres profesional sanitario y tienes interés en el ámbito de las infecciones de transmisión sexual, te animamos a sumarte a las actividades de GEITS.
Como grupo de estudio de la SEIMC, la participación se canaliza a través de la propia sociedad científica. Si deseas recibir más información sobre cómo incorporarte al grupo, participar en proyectos o colaborar en actividades formativas, puedes:
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